Regresar al punto de partida tiene el inconveniente de que, aunque se realice un esfuerzo sobrehumano, los hechos ya pasados no se pueden borrar. Aunque las pequeñas calles sean las mismas, aunque el viento sople como antes, aunque la tierra tenga el mismo color y siga cubriendo los mismos muertos, nada es lo que quisiéramos que continuara siendo. Quedan los rescoldos y poco más.
Las calles que no son calles se quedan pequeñas y siguen aguardando los pasos de quien ya se quedó sin suelas, quien perdió la horma y se contentó con andar descalzo.
"El mundo prodigioso que tengo en la cabeza. Pero, ¿cómo liberarlo y liberarme sin destrozarme? Y sin embargo, preferiría mil veces destrozarme antes que retenerme”.
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lunes, 20 de julio de 2009
domingo, 19 de julio de 2009
2.
A según qué horas, las callejuelas adquieren algo de vida. Parece que el tiempo se detiene y se alarga, de todos modos, haya quien haya. El tiempo se deforma incondicional y se aferra sobre las pequeñas y desiguales casas, sobre cada losa y cada puerta, sobre cada habitante, sobre mis pasos erráticos y cansados que no llevan a ninguna parte, pasos a los que les gusta tropezar con el mismo montículo una y otra vez. Un montículo absurdo, que ya dejó de existir barrido por el tiempo.
En estos momentos es como si la gente se desperezara, cogiera el resto de hálito que les queda para hacer un último esfuerzo, desafiante. E inundan, débilmente, las callejuelas. Ahora más pasos acompañan los míos sin percatarse (ocho mil muertes, directas e indirectas).
En estos momentos es como si la gente se desperezara, cogiera el resto de hálito que les queda para hacer un último esfuerzo, desafiante. E inundan, débilmente, las callejuelas. Ahora más pasos acompañan los míos sin percatarse (ocho mil muertes, directas e indirectas).
1.
Cuando no hay mucha gente, lo cierto es que la imaginación se desborda, los paseos abundan y las letras aparecen por doquier (en las páginas, en las paredes o en la palma de la mano). Los sonidos se acrecentan y se rehuye de las falsas palabras.
Y entonces se corre en el peligro de ser atraído por el campo magnético de la irrealidad y la fábula. Por eso, en ese preciso momento, se debe disponer de un salvoconducto que rescate el objeto de las fuerza atractora hacia la órbita hostil.
Las callejuelas seguían casi desiertas y apenas silenciadas, algo distraídas por los gregorianos cánticos de los grillos en sus barricadas escondidos y por los pasos solitarios de una mente pensante.
Mis pasos restallan por estas minúsculas calles y estos podrían ser un buen salvoconducto, me despertarían de esa ensoñación, de esa falsa realidad que es la realidad misma.
Y entonces se corre en el peligro de ser atraído por el campo magnético de la irrealidad y la fábula. Por eso, en ese preciso momento, se debe disponer de un salvoconducto que rescate el objeto de las fuerza atractora hacia la órbita hostil.
Las callejuelas seguían casi desiertas y apenas silenciadas, algo distraídas por los gregorianos cánticos de los grillos en sus barricadas escondidos y por los pasos solitarios de una mente pensante.
Mis pasos restallan por estas minúsculas calles y estos podrían ser un buen salvoconducto, me despertarían de esa ensoñación, de esa falsa realidad que es la realidad misma.
0. Introducción
Las callejuelas eran aparentemente rectas y sin complicaciones, un ejemplo de un ordenamiento aleatorio perfectamente organizado. Suelos empedrados, asfaltados o terrosos. Pocos transeúntes. Poco ruido o mucho eco. Un cierto vientecillo que arrastraba hojas de quién sabe dónde. Y al anochecer, todo a media luz y un tenue frescor, la versión oscura de lo que durante el día era otra cosa.
Se hubiera dicho que así, a mediavela, todo alcanzaba un tono lúgubre o infernal, para otros representaría un escenario edulcorado y empalagoso. Lo cierto, es que era lo que era, vacío y tímidamente arrogante.
Un pueblo, se entiende.
Se hubiera dicho que así, a mediavela, todo alcanzaba un tono lúgubre o infernal, para otros representaría un escenario edulcorado y empalagoso. Lo cierto, es que era lo que era, vacío y tímidamente arrogante.
Un pueblo, se entiende.
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