sábado, 21 de mayo de 2011

Me despido de una época, de una vida.
El Diari de Kafka quedará como el recuerdo de ello.
Verá seguramente nacer un hermano, al que no conocerá, porque eso tienen las épocas, que no se pueden reunir, el pasado ahí quedó y el presente todavía no tiene claro que quiere ser, uno yace, el otro inicia la respiración a aire ambiente.

Fueron muchas cosas.
El Diari fue.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Cómo describir esto sin caer en la más agobiante cursilería. No puedo, aún me queda algo racional, el censor de lo almibarado, la guillotina de la glucosa.
Por eso no lo describo, simplemente lo siento.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La princesa prometida. Dentro de su mundo gris y narcótico, casi en estatus no convulsivo, y con final feliz a pesar de ello. Como en una ensoñación, los árboles del bosque se hallan tristes. Los troncos, de tanta humedad, son de un negro resabaladizo y opresivo. La luz no entra ni por asomo y el verde se torna grisáceo sin suponer ninguna molestia.
E incluso, con todo ello, al final, cuando todo acaba bien y la joven de ojos alicaídos recupera el azul mar que envuelven sus pupilas y las mejillas rosadas, se echa en falta ese otoñal bosque, porque de calor y sequía también se muere.

Me acuerdo de este ñoño y denso cuento por culpa de los pinos mojados, del frío que traducen, de las lluvias que van y vienen. Porque todo tiene un final. Dentro de nada, no habrá árboles en mi ventana, ni camiones de basura en la madrugada tronantes (¿de felicidad?), ni balcones de aspecto hotelero, ni niebla allende las pseudomontañas.
Y me alegro que todo tenga un final, aunque el final ni de rebote se acuerde de mí. Siempre quedará el recuerdo manipulado de lo que se quiso, siempre podremos tergiversar el final. Pero, y aún así, lo dicho, ansío el final.

Por todo, ea, aquí una de mis últimas divagaciones guardianas.

domingo, 8 de agosto de 2010

Me prodigo en lo que divago, ensoñando lo que siento.
No hay dunas más molestas que aquellas que tapan el horizonte, la tierra estable lejos de esta hostil y fría tierra.
El subsuelo de este corcho a la deriva no me merece la confianza necesaria y a él encomiendo mi vida o, al menos, mi gravedad o, más bien, mi masa.
Que mi calendario ya sólo versa en semanas y mi mente comulga en horas, pensando en mi esperado naufragio, expuesta a las inclemencias metereológicas, sobre todo, vientos racheados y huracanados que soplan de todas partes.
Y aunque se hunda la balsa, mejor hundirse que enterrarse en vida, siempre que sea lejos, lo suficientemente lejos.

domingo, 27 de junio de 2010

De oportunidades y otras cosas

Qué ganas tengo que el viejo fósil la diñe. No veo el momento de que eso suceda, pero cuando ocurra, seré libre. Y bailaré sobre su tumba, y quemaré su cama. No dejaré vestigios de su existencia. Nadie le recordará, aunque me temo que ya no lo hacen, porque para muchos ya dejó de ser y para otros ni siquiera está.

Toma nota, viejo fósil, que no descanses en paz.


Carta manuscrita hallada en el interior del libro "Biografía de mí o cómo ser un buen y rico descendiente".

sábado, 19 de junio de 2010

Nunca fui quien ahora soy. Sus pesadillas me confunden y, si bien no las recuerdo como mías, me despiertan en la noche. Las sueño a ritmo de reproductor y con definición a media resolución. Y cuando, consigo zafarme del mal recuerdo, abro los párpados para ver unos ojos inexistentes que me miran, inertes, fríos y sombríos, la sopa boba del pobre, la ración de más del amigo de menos.
Hasta luego, Saramago.