A mí misma me remito y me autocopio y pego...
(Mayo 2008)
Huelga.
Y otra vez lloviendo.... A este paso no harán falta "mini"-trasvases de agua, ni yo me haré morena. Seguiré pálida y horrible hasta el final de mis días. Ahora que llueve me viene a la mente una imagen que por dos días he visto. Aunque tengo coche (moverse en este pedacito adoptivo de tierra es bastante complejo y no soy amiga de los coches de los demás), prefiero el transporte público por muchos motivos, entre otros, porque me permito analizar a otros sujetos de nuestra misma especie y observarlos, desarrollando hipótesis absurdas y demás (esto no me sería posible [el observarlos] mientras conduzco, por el bien de mis convecinos...). El otro día, viniendo de Plaza España subida en el 3 (bendito 3), en el asiento de atrás, junto a la ventana de la derecha (sin connotaciones políticas), mis ojos se desviaron hacia Can Berga (la Audiencia Territorial, que yo sólo he visitado por motivos musicales), donde un bulto reposaba en el suelo, apoyado contra las sólidas paredes. Aquel bulto parecía corresponderse con una persona a cuyo lado, como un estandarte, se erguía un cartón con letras pintadas en grande que venía a decir algo así como que los juzgados y el gobierno vulneraban los derechos de los ciudadanos incumpliendo la Constitución (más o menos, "més o manco", ya dije por ahí que mi memoria no es una de mis mejores virtudes) y que por ello el sujeto (me pareció más bien una sujeta) se encontraba en huelga de hambre. Y ahí acababa la cosa. Ayer regresaba a casa haciendo el mismo trayecto y sentada en el mismo asiento (posiblemente de otro autobús), sin recordar dicho incidente, volví a mirar para el mismo lado y allí seguía el mismo cartel con otro nuevo que indicaba que era el cuarto día de huelga. Sin embargo no vi el bulto. A mi mente vino rápidamente el recuerdo de mi abuelo, del que ya hablé. Recuerdo perfectamente el día que derribaron el muro de Berlín (ahora pintado de vivos colores y del que hice una foto que algún día colgaré). Recuerdo perfectamente que tenía 8 años. Nos encontrábamos en casa de mis abuelos maternos (de los paternos ni tengo ni quiero tener recuerdos). Mi padre, mi abuelo y yo estábamos arriba, con la tele encendida, entorno a la mesa camilla, con el brasero encendido. Mi abuelo en su mecedora (curioso, estaba sentado en la "de mi abuela", cada uno tenía la suya asignada por costumbre, bien lo sabíamos los nietos mayores), ya sufriendo los "indolentes" infartos cerebrales (así me lo vendieron), que iban mermando sus funciones superiores de forma progresiva. Mi abuelo, quien lo último que recordó fue Rusia (a su familia nos fue olvidando, incluso a su nieto favorito, mi primo favorito, y nunca nadie se lo tendremos en cuenta). Por aquel entonces, su memoria, sus actos, ya mostraban indicios de que aquello iría a más, pero seguía razonando de forma que muchos ya quisieran. Allí mirando en directo la pantalla, vió cómo era derribado aquel muro. Miró su dorado reloj de bolsillo y se echó a llorar. No entendí bien qué representaba la caída del muro, pero sé que mi abuelo se dio cuenta que las ideas que él había defendido habían sido sólo eso, ideas y que nunca correspondieron con la realidad. Él lo dijo después en voz alta. La conclusión a la que llegué fue que las ideas eran ideas y nada más. En la mente, cualquier razonamiento es correcto y perfecto. Llevado este punto al extremo, no deberían implicar el daño ajeno o mutuo (y aquí me paro, porque este párrafo podría alargarse hasta el infinito. Ya lo he reescrito varias veces y cada frase queda peor que la anterior. Seguiré la filosofía de Ockham.). Y en eso pensé al ver aquella persona, junto a Can Berga. No sé por qué motivo se encuentra en el suelo, hambrienta, qué ha detonado esta actitud. Y ahora al ver la lluvia vuelvo a pensar en ella, allí, en el suelo, como un bulto, mojándose ella, mojándose sus cartones, corriéndose la tinta y borrando el número de días que lleva en huelga. No vale la pena morir por una idea. PD: dedicado a ETDN por su cumple virtual (gracias por tu inclusión).
"El mundo prodigioso que tengo en la cabeza. Pero, ¿cómo liberarlo y liberarme sin destrozarme? Y sin embargo, preferiría mil veces destrozarme antes que retenerme”.
lunes, 9 de noviembre de 2009
miércoles, 4 de noviembre de 2009
lunes, 2 de noviembre de 2009
Niños aeronáuticos
Pensaba yo el otro día, mientras venía (total, para luego volver), en el aeropuerto de Son Sant Joan, a eso de media tarde, y cuando la luz cálida entra a raudales por las grandes cristaleras y te invita a quedarte estática, no moverte y decir: esperen, detengan el embarque, ya cuando esté oscuro, proseguiremos. Huelga decir que esto se ve potenciado si sólo has dormido dos horas y Morfeo, por un lado te acuna, y por el otro Lorenzo te toca la mejilla con su cálida mano. Entonces, sólo entonces, los bancos del aeropuerto junto con la maleta de mano, se convierten en comodísimas camas, que ni el Ritz.
Creo que empecé diciendo que pensaba, cosa por otra parte que cada día me resulta más molesta, porque no hay quien calle a esta mente. Siempre está analizando, maquinando y soñando. No sabe que en el mundo exterior, las máscaras se imponen y los silencios no pesan. Si al menos, se tomara un día de descanso...
Insisto, pensaba, como decía. Seré breve, que el regreso es inminente y el tiempo me falta. Debe ser duro para esos niños que se pasan los fines de semana, maleta arriba, maleta abajo, vuelo de aquí a allá. Sin comerlo ni beberlo, se ven abocados a su reparto semanal acompañados o no. Los ves con cara seria o desparramados por el suelo, exigentes o retraídos. A punto de embarcar, se camuflan con el resto del pasaje, o más bien el gentío les engulle hacia su destino, a saber cuál.
Así pues, en unas horas nos volveremos a ver, si no, ya queda menos para Navidad, que seguró que el número aumentará de manera exponencial.
Creo que empecé diciendo que pensaba, cosa por otra parte que cada día me resulta más molesta, porque no hay quien calle a esta mente. Siempre está analizando, maquinando y soñando. No sabe que en el mundo exterior, las máscaras se imponen y los silencios no pesan. Si al menos, se tomara un día de descanso...
Insisto, pensaba, como decía. Seré breve, que el regreso es inminente y el tiempo me falta. Debe ser duro para esos niños que se pasan los fines de semana, maleta arriba, maleta abajo, vuelo de aquí a allá. Sin comerlo ni beberlo, se ven abocados a su reparto semanal acompañados o no. Los ves con cara seria o desparramados por el suelo, exigentes o retraídos. A punto de embarcar, se camuflan con el resto del pasaje, o más bien el gentío les engulle hacia su destino, a saber cuál.
Así pues, en unas horas nos volveremos a ver, si no, ya queda menos para Navidad, que seguró que el número aumentará de manera exponencial.
domingo, 25 de octubre de 2009
Bien entrada la noche,
cuando ya todo el mundo dormía
y la oscuridad dominaba el exterior y el interior
un joven despreocupado dormía plácidamente entre almohadas de plumas y sábanas de seda.
Si al menos la luna se hubiera dignado a presentarse,
si al menos las estrellas hubieran tenido la decencia de lucirse,
nada de lo que sucedió habría acontecido.
Y tuvo que pasar, dicen.
Afuera no llovía, ni relampagueaba, ni aullaba el viento.
Tampoco lloraban gatos, ni ladraban perros, ni el suelo era de madera, ni el reloj era de cuco.
Diríase que era poco probable que nada rompiese esa apacible noche.
Mas la providencia se guarda pequeñas sorpresas, para bien o para mal.
Súbitamente, el silencio que dominaba se rompió y un estruendo sobrenatural tuvo lugar.
Un claro grito desgarrador, casi moribundo le siguió. La muerte rondaba, eso era obvio.
Pero extrañamente sólo el joven se despertó, aquel cuya apetecible cama escondía,
entre mullidas colchas y sábanas rosa.
Temeroso, sobresaltado y acongojado,
su corazón se desbocaba, su respiración se cortaba y su mente se anulaba.
¿Qué podría ser aquello? Se debatía entre la razón y el sueño.
Levantarse, reaccionar y auxiliar o permanecer inmóvil.
Y aunque se permitió el lujo de fantasear en su heroica acción, vencedor glorioso de tamaña acción,
optó por el disimulo, el yo no oí nada.
Las mantas le tapaban y las sombras le cubrían,
el calor de su propio cuerpo le envolvía y el nadiesabequeestoydespierto lo protegía.
A nada temía en semejantes condiciones el pusilánime, si tapaba los ojos y volvía a conciliar el sueño.
Y así fue cómo se demostró que este joven era tan valiente como una calabaza,
tan honroso como un fétido calcetín.
Mientras la víctima tardó en morir horas, según se supo tiempo después.
cuando ya todo el mundo dormía
y la oscuridad dominaba el exterior y el interior
un joven despreocupado dormía plácidamente entre almohadas de plumas y sábanas de seda.
Si al menos la luna se hubiera dignado a presentarse,
si al menos las estrellas hubieran tenido la decencia de lucirse,
nada de lo que sucedió habría acontecido.
Y tuvo que pasar, dicen.
Afuera no llovía, ni relampagueaba, ni aullaba el viento.
Tampoco lloraban gatos, ni ladraban perros, ni el suelo era de madera, ni el reloj era de cuco.
Diríase que era poco probable que nada rompiese esa apacible noche.
Mas la providencia se guarda pequeñas sorpresas, para bien o para mal.
Súbitamente, el silencio que dominaba se rompió y un estruendo sobrenatural tuvo lugar.
Un claro grito desgarrador, casi moribundo le siguió. La muerte rondaba, eso era obvio.
Pero extrañamente sólo el joven se despertó, aquel cuya apetecible cama escondía,
entre mullidas colchas y sábanas rosa.
Temeroso, sobresaltado y acongojado,
su corazón se desbocaba, su respiración se cortaba y su mente se anulaba.
¿Qué podría ser aquello? Se debatía entre la razón y el sueño.
Levantarse, reaccionar y auxiliar o permanecer inmóvil.
Y aunque se permitió el lujo de fantasear en su heroica acción, vencedor glorioso de tamaña acción,
optó por el disimulo, el yo no oí nada.
Las mantas le tapaban y las sombras le cubrían,
el calor de su propio cuerpo le envolvía y el nadiesabequeestoydespierto lo protegía.
A nada temía en semejantes condiciones el pusilánime, si tapaba los ojos y volvía a conciliar el sueño.
Y así fue cómo se demostró que este joven era tan valiente como una calabaza,
tan honroso como un fétido calcetín.
Mientras la víctima tardó en morir horas, según se supo tiempo después.
jueves, 22 de octubre de 2009
¿No te aburre, siempre lo mismo?... Palabras vacuas, sintaxis forzada, gramática apesadumbrada. Físicas imposibles, corolarios imprecisos, axiomas diluidos. Anglicismos demodé y fórmulas alteradas.
La jugada de lo oculto ya no se sostiene, o porque le falla una de las patas o porque la base es inestable, auténtica arena movediza.
Siempre es mejor una retirada a tiempo, por el pundonor, ya sabes. Fue bonito mientras duró (lo que nunca existió). Mensajes encriptados en sinfonías diversas que nos han hecho sufrir (al menos a esta parte). Me arrepiento de confesar, como siempre, que lo echaría de menos (ya lo hago). Pero no juego al póker (odio los faroles) ni al billar (detesto las bandas). En realidad, me gustan el juego y el trigo limpio. Y aquí asoma algo de los bolsillos, o de las mangas.
Seguiré leyendo tus palabras con la misma avidez de siempre, sin nada más, aséptica (ya sabes que, por otra parte, me viene impuesta; será por los olores poco tranquilizadores de mis lares). Tan transparente como siempre, sin necesidad de logaritmos neperianos para calcular un volumen corriente y moliente, sin necesidad de burlas desconcertantes y ociosas (y capciosas) en la seguridad del número superior hacia el número inferior (un plural frente a un singular que bastante tiene que soportar).
Así pues, que te vaya bonito.
PD: me arrepentiré cuando le dé al intro, pero para cuando leas esto ya ni me acordaré.
La jugada de lo oculto ya no se sostiene, o porque le falla una de las patas o porque la base es inestable, auténtica arena movediza.
Siempre es mejor una retirada a tiempo, por el pundonor, ya sabes. Fue bonito mientras duró (lo que nunca existió). Mensajes encriptados en sinfonías diversas que nos han hecho sufrir (al menos a esta parte). Me arrepiento de confesar, como siempre, que lo echaría de menos (ya lo hago). Pero no juego al póker (odio los faroles) ni al billar (detesto las bandas). En realidad, me gustan el juego y el trigo limpio. Y aquí asoma algo de los bolsillos, o de las mangas.
Seguiré leyendo tus palabras con la misma avidez de siempre, sin nada más, aséptica (ya sabes que, por otra parte, me viene impuesta; será por los olores poco tranquilizadores de mis lares). Tan transparente como siempre, sin necesidad de logaritmos neperianos para calcular un volumen corriente y moliente, sin necesidad de burlas desconcertantes y ociosas (y capciosas) en la seguridad del número superior hacia el número inferior (un plural frente a un singular que bastante tiene que soportar).
Así pues, que te vaya bonito.
PD: me arrepentiré cuando le dé al intro, pero para cuando leas esto ya ni me acordaré.
martes, 13 de octubre de 2009
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