lunes, 8 de junio de 2009

Superposiciones

Me encontraba así, tumbada a la bartola





leyendo



y como un espejismo, por el calor o por el sol, las letras se tornaron verdad, y el mar salado se convirtió en agua dulce y de las páginas saltaron naves que empezaron a surcar estas aguas sorprendidas. Falucas y otras embarcaciones apoderándose de la realidad





mientras se colaba por los auriculares una canción desconocida y que nada tenía que ver

sábado, 6 de junio de 2009

Me comentan que en el espacio, donde la amplitud (para nuestras escalas) parece ser que es inmensa (que sea infinita o no, depende de nuestra autoestima) hay problemas de colisiones. Que si a algún agujero negro le da por zamparse lo que tiene al lado, que si pequeños fragmentos de meteoritos (del tamaño de un campo de fútbol o de una lenteja, lo mismo da) tienen la manía de querer impactar sobre aquello que se les ponga por delante (un cuerpo celeste o un sueño convertido en hojalata eléctrica con baños tipo apartheid, pero para ricos y pobres)...
En fin, tamaños, distancias y velocidades relativas, según los gustos del consumidor.

Lo que ya no se cuenta, pero que es un secreto a voces, es que cerca de este nuestro pequeño minimundo llamado tierra, debido a las velocidades excesivas de los conductores sobre su superficie, la falta de visión de estos a la hora de saltarse los semáforos en ámbar-rojo y su carencia de apego a la vida (a la suya, o lo que es mucho peor, a la de los otros, que no son más que los unos reconvertidos en seres ajenos), se implantará un sistema de rádares espaciales, que se generalizarán por toda la orbe en algún momento, para cuando los que conducen con los pies en el suelo y la cabeza en Marte empiecen a conducir con los pies en las nubes y la cabeza Dios sabe dónde.

martes, 26 de mayo de 2009

"Sólo en ese momento, comencé a darme cuenta que las populosas multitudes de las ciudades son menos perturbadoras que los individuos que viven solos en el campo."

El caso del cirujano ministrante de Gaster Fell.
Conan Doyle.


domingo, 24 de mayo de 2009

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Hubiera sido bonito así, decir que lo descubrió mientras sacudía el polvo, pero no fue así. Es que el polvo lo cubría todo, por dejadez o por omisión deliberada, y cuando a las micropartículas de susudicha materia (alérgenos varios, como los ácaros, restos de faneras, cutículas separadas descuidadamente de su cuerpo) entraron, quieras que no, en contacto con sus fosas nasales (inmunología aparte), la hecatombe sucedió. Un estornudo de lo más sonoro combatió, o lo intentó, parte de la sustancia blanquecina que se apoderaba de la estancia. Pero no fue peor la enfermedad que el remedio. El polvo en suspensión, liberado parcialmente de la inmovilidad conferida por la gravedad terrestre, muy al uso desde los inicios del planeta, danzaba en suspensión, en movimientos oscilantes, arriba y abajo, procurando no ser esclavo de esa fuerza planetaria.
Y ahí estaba, debajo, escondido por el blanco manto. Esperando a ser redescubierto. Baste decir que no fue necesario sólo este descubrimiento casual, sino el esfuerzo de tres noches y no consecutivas para vencer a Morfeo, para afianzar que HAL 9000 era un poco trasto, que el final sigue siendo (porque así me empeño) caótico, porque la nívea habitación barroca no es más que una traba para la conclusión, que la muerte, desde que la ví, adquirió forma de negro túnel con paredes de eléctricos y tormentosos colores vivarachos. Y es esto último lo que me preocupa, no la muerte, que es inevitable, sino el túnel de etéreas paredes. ¿Qué sucede si las tocas, si las traspasas, si se cierran y te aprisionan?


lunes, 18 de mayo de 2009

Reflexiones con baja presión parcial de oxígeno

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Mientras miro por la ventanilla del avión a 11000 metros de altitud y con una hora prevista de llegada inesperadamente tardía y sin leer ninguna necrológica, me asaltan varias dudas, seguro que irrelevantes, porque al fin y al cabo (al cap i a la fi), cualquier duda es irrelevante hasta que se demuestre lo contrario.
No negaré que puede que influya en este hecho, el que por ahí fuera una tímida neblina empañe la vividez de los colores, que apague los colores de la tierra y los convierta en una masa informe de tonos grises y azulados. Puede que, llamémosle así en pos de la modernidad de la cual hacen gala, el silencioso ruido de los motores se incruste en el cerebro y anule ciertos circuitos neuronales. También podría ser el hecho que el sueño atrasado me persiga y me recuerde que los sueños, sueños son. Puede que el aire presurizado sea más pobre en oxígeno de lo que debería y tenga el mal de altura (es un decir).
Me asaltan dudas, sí, a 36000 pies sobre la corteza terrestre. Dudas banales y terrenales. La primera, por qué me dejé el libro sobre la cama, ahora que sería el momento ideal para saber al fin quién es el Dr. Salk, qué pasa en la reunión de Pharmalak, si existe el padre perdido. La segunda, por qué no hay turbulencias en este momento, qué le paso al niño incordiante (no por ser niño, sino por ser incordiante, me resultó un incordio) del viaje de ida, con sus babas y sus ansías de dominar el mundo a su antojo sin una mano, no dura, pero sí realista, que le enseñe que el mundo no es un huevo y que no te lo puedes beber todo entero. La tercera, con todos los viajes que llevo en avión (sin contar cuatro años de tren y uno de autobús), por qué nunca me ha tocado al lado un tipo, al menos, de buen ver, y sí tipas que llevan en la cara el maquillaje acumulado, para mí, de todo un año. El cuarto, y relacionado con el tercero, por qué las ventanillas del avión son tan pequeñas (de acuerdo, esta me la sé).
No se sorprenda nadie con estas cuestiones, ya dejé bien claro desde el principio que no son las reflexiones de un momento de lucidez.

lunes, 4 de mayo de 2009

Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño.

Basho.

viernes, 24 de abril de 2009

¿Ideas futuras?

Inicios de posibles ideas, a desarrollar en algún momento....

Cogió un hisopo y lo usó como puntero, al aire, sin señalar nada en concreto y pareciendo que señalaba el mundo entero...
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La métrica de tus palabras es inversamente proporcional al silencio que emites, y aunque esto no tiene sentido, es cierto, en su justa medida, si te paras a pensarlo.
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Cuando no hay nada que leer, se relee todo, y, a fuerza de releer, se alcanza a comprender lo que no se vió la primera vez.
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El verde de tus ojos es el gris de tu mirada, el negro de tu corazón, el blanco de su mirada.
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El desgaste del reloj no se debe a su abandono o al poco uso de su cuerda, sino al paso de los minutos en sus manecillas, a los días en su esfera, a los segundos en tu mano.
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Pasear por la rada en un día gris y frío, no hace sino empalidecer al hombre oncológico de la gabardina con zapatillas.